El océano siempre ha sido un mundo de sonidos secretos: ballenas que cantan, delfines que chasquean y peces que croan como ranas. Pero durante siglos, los tiburones fueron los grandes silenciosos del mar. Se creía que estos depredadores, tan antiguos como los dinosaurios, no producían sonidos más allá del suave rumor de sus aletas al cortar el agua. Hasta ahora.
Un equipo internacional de biólogos, liderado por Carolin Nieder, del Instituto Oceanográfico de Woods Hole (EE.UU.), ha documentado algo completamente inesperado: una especie de tiburón que emite chasquidos bajo el agua. Según el estudio, publicado en Royal Society Open Science, el tiburón rig (Mustelus lenticulatus), una especie endémica de Nueva Zelanda, emite sonidos de alta frecuencia cuando es manipulado. Aunque aún no se sabe con certeza si estos sonidos son una señal de auxilio, una advertencia o simplemente el ruido de sus dientes, los autores destacan que este es «el primer caso documentado de un tiburón produciendo sonido de manera deliberada».

Más de Morbeb: Al menos una especie de tiburón duerme, indica un nuevo estudio
El hallazgo ocurrió casi por casualidad en un laboratorio marino en Nueva Zelanda. Mientras investigaban cómo los sonidos afectan a los tiburones, los científicos notaron algo inusual: los tiburones rig juveniles, capturados en el puerto de Kaipara, emitían breves chasquidos al ser sostenidos bajo el agua. No se trataba de sonidos aleatorios, sino de pulsos precisos, como un código Morse submarino que rompía décadas de supuesto silencio.
Los análisis revelaron detalles sorprendentes: algunos clics eran sencillos, compuestos por un único pulso, mientras que otros eran más complejos. Cada tiburón generó, en promedio, nueve clics durante 20 segundos de manipulación, con algunos sonidos alcanzando los 166 decibelios a 30 centímetros de distancia. Para ponerlo en perspectiva, estos chasquidos superan el ruido de una motosierra bajo el agua. Aunque en el aire no serían tan ensordecedores debido a las propiedades del sonido en el medio acuático, su intensidad sigue siendo notable.
El patrón temporal fue igualmente revelador: los tiburones producían siete clics en los primeros diez segundos de manipulación, pero apenas dos en los siguientes diez segundos. Curiosamente, mientras algunos chasquidos coincidían con sacudidas corporales, muchos ocurrían en completa quietud, como si fueran intencionales. Y lo más intrigante: nunca se registraron estos sonidos mientras los animales nadaban libremente o se alimentaban, lo que sugiere que estos sonidos están asociados con una respuesta inicial al estrés o al sobresalto. «A medida que los animales se acostumbran a la manipulación, la respuesta conductual probablemente disminuye, lo que lleva a menos clics con el tiempo», escribieron los autores.
Pero aquí surgió la gran pregunta: ¿cómo produce sonidos un animal sin cuerdas vocales ni vejiga natatoria, el órgano que usan muchos peces para amplificar sus vocalizaciones? La respuesta podría estar en su dentadura. Los escaneos con microtomografía computarizada mostraron que estos tiburones poseen dientes planos dispuestos como un pavimento, con pequeñas protuberancias que encajan entre sí. Los investigadores plantean que, al cerrar la mandíbula con fuerza, esta estructura genera fricción, produciendo un chasquido similar al de una langosta frotando sus antenas.
Este mecanismo rudimentario podría tener varias funciones. Para el tiburón rig —que no supera los 150 cm de longitud y es presa de focas y tiburones mayores—, los clics podrían servir para ahuyentar a sus depredadores. También podrían facilitar la comunicación entre individuos, aunque esta posibilidad sigue siendo especulativa.

Más de Morbeb: Posible tiburón blanco recién nacido avistado por primera vez en la naturaleza
¿Por qué nadie había detectado esto antes? La explicación es simple: la ciencia subestimó a los elasmobranquios. Durante años se asumió que tiburones y rayas eran mudos, principalmente porque sus sonidos —breves, agudos y localizados— pasaban desapercibidos sin equipos especializados. De hecho, hasta 2022, cuando se descubrió que algunas rayas emiten chasquidos defensivos en estado salvaje, no existían registros confirmados de producción sonora en estos animales en su hábitat natural.
El contraste con otras especies es llamativo, dicen los autores. Mientras más de 1 000 especies de peces óseos usan sonidos para comunicarse, los tiburones parecían condenados al silencio evolutivo. Sin embargo, cuando el equipo probó con la musola oscura (Mustelus canis), un tiburón atlántico cercano al rig, estos permanecieron callados. Esta diferencia sugiere que la capacidad de «hablar» podría ser una adaptación exclusiva de estos tiburones neozelandeses, o que otras especies emplean frecuencias aún indetectables.

El propósito de los clics sigue siendo un misterio. Como el 90% de su energía acústica está en frecuencias inaudibles para otros tiburones, los investigadores proponen tres posibles explicaciones: podría ser simplemente un subproducto del estrés (como cuando los humanos rechinamos los dientes); una señal dirigida a mamíferos marinos depredadores que sí captan altas frecuencias; o quizá un sistema de comunicación útil sólo a cortísima distancia, tal vez durante el cortejo o enfrentamientos.
«Muchos peces emiten sonidos ante depredadores, pero ninguno de los depredadores investigados hasta ahora parece responder a las señales», aclaran los investigadores.
A pesar de las incógnitas, los científicos están inclinados a pensar que los clics están relacionados con una reacción de estrés. «Los tiburones parecen emitir estos sonidos en respuesta a perturbaciones o angustia», concluye el estudio.
Observaciones previas parecen apoyar esta idea. Se ha descubierto, por ejemplo, que los bacalaos (Gadus morhua) producen chasquidos similares cuando detectan focas o buzos, aunque sin evidencias de que ello los proteja. Algo similar ocurre con las rayas, cuyos chasquidos parecen ser respuestas al estrés más que señales comunicativas.
Más de Morbeb: Una ballena jorobada macho ha sido captada teniendo sexo con otro macho, por primera vez
Las preguntas que abre este descubrimiento son tan profundas como el océano: ¿usan los tiburones estos sonidos en estado natural? Y si una especie pequeña puede “hablar”, ¿qué más podrían estar diciendo los grandes tiburones blancos o los tiburones ballena?
Aunque se necesitan más investigaciones para determinar si los tiburones producen chasquidos en su estado natural, el estudio ya rompió un dogma: el océano tiene un nuevo sonido, y viene de los tiburones.
A medida que la tecnología acústica avanza, vamos sintonizando frecuencias que antes ignorábamos. Quizás, después de todo, los tiburones nunca estuvieron callados. Solo estábamos sordos a su lenguaje.
La información es libre, pero investigar en profundidad, analizar datos y escribir en un lenguaje sencillo toma tiempo, apoya a nuestros editores a través de: